Publicado el

Yoga y calidad de vida

La realidad no puede reflejarse fielmente en una conciencia agitada por los gustos y las aversiones, con sus inquietos deseos y pasiones y las irritantes emociones que éstos engendran: la ira, los celos, la avaricia y la caprichosa susceptibilidad.”

La segunda venida de Cristo, Vol. III, Paramahansa Yogananda

¿Qué fin persigue la práctica del yoga? ¿Qué beneficios desea obtener quien lo practica? El yoga y sus practicantes no buscan nada distinto que el resto de las personas: la felicidad.

Con dedicación y constancia, El yogui aplica técnicas y prescripciones, con la intención de lograr una calidad de vida satisfactoria y realizar el estado imperturbable del gozo, correspondiente a estados de conciencia más elevados.

En efecto, el practicante busca lo mismo que el resto de los hombres, la felicidad, solamente que un lugar y por medios distintos de los habituales, pues, según la filosofía del yoga, ella no es posible si previamente no se ha logrado la paz interior.

Para el yoga entonces la Calidad de Vida tiene poco que ver con el confort, los placeres o el estatus social. Según la filosofía yóguica, aquélla está más bien vinculada a nuestras sensaciones y emociones, a cómo nos sentimos y nuestro modo de conectarnos con la vida, en lugar de nuestras posesiones. Incluso, la conexión con la propia vida se encuentra completamente determinada por nuestra mente. De hecho, Paramahansa Yogananda lo explica mediante un ejemplo más o menos en los siguientes términos: Haga de cuenta que tiene adelante suyo una olla llena de agua. En la superficie del agua usted está viendo el reflejo de la luna; de repente usted golpea el borde de la olla, como consecuencia, la superficie del agua comienza a ondular y, a partir de ese momento, la percepción que usted tiene de la imagen de la luna ya no será igual, se verá distorsionada, no como verdaderamente es. La luna representa la realidad, mientras que la superficie el agua representa nuestra mente. Si nuestra mente está inquieta o ha sido perturbada, la percepción de la realidad (el reflejo de la luna) va a ser distorsionada (y seguramente perturbadora también).

De esta manera, la perturbación de la mente produce un estado de confusión del discernimiento que nos impide considerar apropiadamente la realidad y, en consecuencia, nos induce a razonar y probablemente a decidir equivocadamente.

Entonces, la calidad de vida se relaciona más con el estado de nuestra mente y el modo de percibir los acontecimientos cotidianos, que con el logro de aspectos externos, como las posesiones, y el confort. Por ejemplo, podríamos pensar en los miembros de las clases sociales acomodadas, quienes suelen experimentar situaciones de depresión, angustia, adicciones o suicidios. En efecto, una programación mental extrovertida, hacia afuera, propuesta por valores fuertemente identificados con los logros materiales, tiende a satirizar la actitud espiritual. Seguramente, hemos oído alguna vez la frase: “¡Oh, yo sé que el dinero no hace a la felicidad, pero si tengo que llorar, prefiero hacerlo dentro de una Ferrari!”.

Sin embargo, este conocido chiste podría presuponer que es más espiritual llorar sobre una bicicleta que en una Ferrari. La espiritualidad no sostiene eso, sostiene que lo mejor es no sentir tristeza, no sentir deseos de llorar; eso es auténtica calidad de vida, sentirme bien.

¿Es la espiritualidad del yoga la panacea?, ¿Es la solución a todos los problemas, como una varita mágica? Ciertamente, no. En realidad, la propuesta del yoga es cambiar nuestra mente y modelarla, con el fin de evolucionar y acceder progresivamente a niveles de conciencia superiores y más felices.

Pero, ¿cómo lograrlo? En los Yoga Sutras (reordenamiento del sistema del yoga realizado por Patanjali, santo indio del siglo II a.C.) se define como “Yoga chitta vritti nirodha”, que significa: “El yoga es la neutralización de los cambios de chitta”; el concepto de chitta se refiere a los componentes mentales que dan lugar a la conciencia. En otras palabras, las prácticas del yoga apuntan a neutralizar los cambiantes pensamientos y emociones, con el fin de lograr la ecuanimidad de la mente.

Dicho objetivo puede alcanzarse mediante la práctica de Dhyana o meditación, el penúltimo paso del óctuple camino del yoga. El equivalente más aceptado de Dhyana es “control de la mente”; de manera que, cuando hablamos de meditación, nos referimos a prácticas tendientes a dominar la afluencia de pensamientos y emociones. Una tarea nada fácil, pero posible. Se trata de un proceso de aprendizaje como cualquier otro, matemáticas, música o idioma. Sin embargo, como en la música, no es necesario llegar a interpretar magistralmente difíciles piezas clásicas para poder disfrutar de este arte. De la misma manera, contemplando algunas recomendaciones y mediante un esfuerzo sincero, quien medite comenzará a observar, desde las primeras prácticas, uno de los efectos beneficiosos de esta práctica: la paz mental.

Finalmente, según el Bhagavad Guita: “Para quien omite meditar no existe tranquilidad; para quien carece de paz, ¿cómo podrá haber felicidad?” (Cap II, Vers 66); o como más luego lo expresara Jesucristo: “Busca primero el Reino de los Cielos y lo demás te será dado por añadidura.”

El Reino de los Cielos, la felicidad, la calidad de vida, reside en nuestro interior, una perla que debemos encontrar buceando profundamente allí.

Fuentes:

Autobiografía de un Yogui 

Dios habla con Arjuna Bhagavad Guita

El yoga de Jesús

Recomendamos visitar la siguiente meditación guiada sobre la Paz Interior:

2 comentarios en “Yoga y calidad de vida

  1. ADHIERO MOBILE CREENCIA SI NO POR COMPROBACIÓN QUERIDO GUILLE!! Desde aquella vez que nos conocimos en aquelno instructorado hasta el día de hoy todo fue cambiando y moldeandose!: LA MENTE. un abrazo amigo!

    1. Ja ja, gracias por tu comentario Fito!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *