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Amar es una decisión

En relación a la consulta en Facebook del 16 de Febrero 2018:

Encuesta rápida. Conteste con «Si» o «No»: ¿Amar es opcional?

Mi punto de vista:

La pregunta es tramposa, no por ambigua, sino porque simplifica demasiado un tema que es complejo. El ser humano es un ser complejo, luego el amor refleja esa complejidad. Pero la intención era detenernos a pensar hasta qué punto desarrollar el amor en algún sentido puede ser una decisión.

Cada uno de los amigos que contestaron lo hicieron considerando una perspectiva particular del amor. Eso está muy claro, no hace falta ser clarividente para darse cuenta de eso. Muchos tomaron la acepción más corriente: “el amor de pareja”, otros “el amor madre-hijo”, otros “el amor universal” etc.

En lo personal, creo que el amor es en gran medida una decisión, una opción que podemos elegir o no. Diría en un 80% para graficarlo de alguna manera y reservo el 20% restante para una parte neurálgica del amor: El amor instintivo, el que surge de la atracción sexual y el amor de madre a hijo. ¿Pero qué pasa con el resto de las manifestaciones del amor, el amor hacia los amigos, hacia el resto de la familia, o más aún “el amor al prójimo”, o “el amor a Dios”?

El término “amor” comienza a complicarse a medida que nos vamos alejando de lo meramente instintivo y de lo “yo, mi, mío” para explorar regiones extrañas como “el prójimo” o aún más, “Dios”, ese Eterno Desconocido.

La mayoría de ustedes saben que soy estudiante desde hace muchos años de las enseñanzas de ese gran yogui y santo de la India, Paramahansa Yogananda (1893-1952), entonces no voy a intentar apropiarme de sus enseñanzas.

Partiendo de lo general hacia lo particular como enseña la filosofía, que debe hacerse, P. Yogananda, al igual que todos los santos que alcanzaron la iluminación nos revela esta verdad: “Dios es amor, así pues, su plan para la creación no puede basarse sino en el amor

Con esto nos dice que el origen y el fin de la creación es el amor, pero cuando ese amor se manifiesta en este plano de la dualidad y se expresa a través del corazón humano, adquiere distintas formas y matices.

Sin embargo P.Yogananda nos advierte también: «En este mundo, el amor presupone dualidad; nace del intercambio mutuo de sugestión o sentimiento entre dos o más seres. Incluso los animales expresan un cierto tipo de amor por los demás y por sus crías. En muchas especies, cuando la pareja muere, la otra sucumbe poco después. Pero este amor es instintivo en los animales; ellos no son responsables de su amor. Los humanos, por otra parte, tienen una consciente autodeterminación en el intercambio de amor con los demás.» (Del libro “El Amante Cósmico”)

“Los humanos tienen autodeterminación en el intercambio de amor” ¿Y cómo es esto?

Dejando de lado la atracción instintiva (pareja, madre-hijo), de ahí en adelante es la plasticidad de nuestra mente la que va a determinar si el amor surge, se desarrolla, se sostiene o muere. P.Yogananda lo expresaba de esta manera: “La mente es elástica, para el lado que la tires, para ese lado cederá!

Es decir, por ejemplo, de una mera atracción sexual, podemos permitir que nuestra mente se asiente sobre esa otra persona y pasando de simplemente estar enfocada en ella, a convertirse en esa fascinación que llamamos enamoramiento. Si no fuera así, todos estaríamos enamorados por igual de los más bellos exponentes del sexo opuesto, y esto no sucede, necesitamos que nuestra mente se obsesione con ella.

O incluso, si amar no fuera una elección, para quienes somos cristianos, ¿Cómo podríamos abordar los dos mandamientos más importantes que dejó Cristo? “Ama a Dios” y “Ama a tu prójimo”.  En ambos casos, no solamente hay una decisión de querer hacerlo o no, de nuestra parte, sino además un trabajo, un esfuerzo consciente por llegar a eso.

En relación al prójimo, aun siendo nuestro enemigo, podemos aprovechar la “elasticidad” de nuestra mente para alimentar en ella el “medio vaso lleno” en relación al otro. Sus virtudes, su condición de hermano, su derecho a equivocarse, las intenciones que lo movilizan a pesar de estar errado, etc, hasta alcanzar manifestaciones del amor como la tolerancia, la comprensión e incluso la compasión, etc.

Pero ¿Y el amor a Dios?, ¿A ese ser desconocido?… lo ponemos de nuevo en el muro de Facebook y vemos las distintas opiniones.

Guillermo Ricci – Semillas de Luz

 

 

 

 

 

 

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Yoga y emociones: desarrollar el amor para superar el miedo

«En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor.»
Evangelios: 1 Juan 4:18


«La ausencia de temor es la roca inexpugnable sobre la cual debemos erigir la morada de la vida espiritual.»

Vive sin miedo de Paramahansa Yogananda


Afortunadamente, la ciencia actual nos permite conocer de forma detallada y profunda la manera en que las emociones influyen en nuestra salud psicofísica. La neurociencia, la psicología, la biología molecular y otras disciplinas científicas han contribuido para que hoy el hombre tenga una nueva visión de sí mismo, desde una perspectiva integradora y holística. De esta manera, las emociones resultan replanteadas y revalorizadas.

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